En el filo

Hay veces que el riesgo que asumes es distinto. Por una parte siempre está el riesgo objetivo, avalanchas, caida de rocas, cornisas, viento o simplemente la propia gravedad que te arrastra hasta el fondo del valle a cada segundo.

Luchamos por separarnos, por alejarnos de esa gravedad que nos quiere para ella, pero huimos una y otra vez por paredes cada vez más verticales, cimas más altas y aristas que apuntan más al cielo.

El riesgo subjetivo es mucho más complicado, como millones de personas distintas, con nombres distintos y vidas distintas, nuestro riesgo asumible es eso… personal e intrasferible.

Muchas situaciones en las que una pesona no percibbe un riesgo aparente, por el contrario otra personaestá pasando miedo o simplemente da la vuelta y no sube por ahí.

El miedo subjetivo tiene una solución… la formación y el conocimiento. Cuanto más conozcas un medio tendrás más cartas en la mano, más salidas, más opciones, con lo que tu percepción de una misma situación difiere.

El estilo es la base del alpinismo, no existe un qué sin un cómo, y es ese cómo la esencia de la actividad.

Pesonallmente el estilo que persigo en las montañas es un estilo muy ligero, muy rápido, pasar como si no hubieras pasado, sin dejan huella, ya sea invierno o verano, mi ideal de correr, escalar una montaña técnica y bajar corriendo, todo rápido, en un solo intento, una opotunidad, no errores, no pensamientos, no marcha atrás.

Es este estilo el que me llena y me permite disfrutar cada montaña de una manera completa, pura, es así como deseo hacer las montañas de cerca y de lejos, montañas pequeñas y redondeadas o altas y técnicas…

Mi percepción del riesgo en este estilo es extrañamente atípica, el alpinismo ligero es sin duda una de las cosas más arriesgadas que se pueden hacer, sólo, sin apenas material, no hay opción de retirada, sólo tienes un aliado, la velocidad para salir de allí. Curiosamente es el movimiento contínuo y rápido en las montañas el que eclipsa mi sensación del riesgo, el no parase, el no estar dubitativo, simplemente moverse, es lo que colma mis pensamientos y no hay espacio para nada más.

Estoy escalando en el Pico del Lobo, mi pico familiar, he ascendido más de 25 veces por prácticamente todas sus rutas posibles. Son navidades, la cara norte está fría y en perfectas condiciones para escalar los múltiples corredores del circo glaciar que se forma n encarados a las llanuras, una cara blanca, impoluta, como una isla en medio de planicies.

Los alpinistas de la zona centro recurren cada vez más a estas canales heladas y me encuentro a varias cordadas en las cascadas de hielo y en la base de algunos corredores. Entro en uno de ellos, uno de los pocos que nunca he escalado y pensando que es fácil y sin ganas de pasar miedo asciendo rápidamente por la cascada de hielo que da inicio al corredor, voy con dos piolets técnicos y zapatillas con crampones adaptados, que se me descolocan de vez en cuando, asique procuro estar muy atento y rezar porque no se me salte uno en medio de la vía. Comienzo a moverme rápido por la canal inclinada de nieve cuando me encuentro un resalte dificil ya en la parte superior, no veo una slida evidente y decido escalar lo que se que no voy a poder descender, sólo una opción; subo…

Pero no está la salida que esperaba en contrar tras el resalte, una canal que gira y se retuerce hacia el vacío como inclinandose para hecharme de la montaña, aqui no puede haber errores, un fallo y más de 150m de caida hasta un poco mullido suelo.

Me paro, busco que hacer, no lo tengo claro, no puedo subir..pero tampoco bajar por donde he subido ya que no tengo cuerda ni material para rapelar.

La adrenalina me recorre las venas y cada vez estoy más nervioso, intento tranquilizarme, tengo que hacerlo, si me precipito a hacer algo por miedo, es muy probable que no salga bien.

Me siento en un a pequeña piedra colgada en medio de la pared y cierro los ojos, me tranquilizo, pienso en otra cosa, en lo que voy a comer cuando baje, en el calor y el turrón de casa y vuelvo a sentirme tranquilo. Entonces pienso y busco una alternativa al paso casi imposible que tengo delante. Intento bajar pero veo que no puedo, hay una especie de vira colgada sobre el abismo y creo que sólo puedo intentar ir por ahí en travesía y esperar que termine en algún sitio desde donde pueda salir por arriba, aunque no llego a ver nada; si no va a ningún sitio estaré metido en un gran problema.

Voy a ello, escalo hasta la vira y voy realizando la travesía cuidadosamente agarrándome a la roca y clavando los piolets con toda mi fuerza en la nieve. La vira gira sobre un espolón rocoso, espero que al otro lado haya algo, pienso compulsivamente.

Me agarro al espolón y saco la cabeza por el otro lado… Y si, hay una chimenea factible que termina en la cumbre, se puede subir aunque es difícil y está mojado con la nieve que hay.

Escalo a toda velocidad, quiero salir de alli. Escalo,escalo, escalo, no pienso en nada sólo subo sin pensar en la caída, con los ojos fijos en la slaida, cada vez más cerca. Y por fin, el sol, sale justo al otro lado de la arista donde termina la chimenea… Subo, me pongo de pie sobre la nieve y doy un gran grito de alivio y felicidad, hoy ha sido uno de esos días dificiles…

Así es el estilo, así el la montaña y así el el riesgo.. personal.

Epolón del Trono (08-01-14)

Esta ruta salió publicada en la Revista Desnivel nº333 (Marzo 2014)

http://desnivel.com/revistas/desnivel/desnivel-333

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