Granito

De la caliza de La Cordillera al granito anaranjado del Sistema Central… Dos días soñando con tocarlo y correr por él.. Un pico familiar pero todavía con una belleza especial para mí, aun con el sonido de los coches tan cerca… No entiendo porque me atraen tanto las piedras, las rocas, las paredes con las rocas descubiertas hacia el cielo y el viento, es como si te dejaran tocar su roca durante un pequeño espacio de tiempo pero sabiendo que se taparán y no podrás volver a verlas…
Salto de la furgo como llegando tarde a algún sitio, o como si me estuvieran esperando desde
hace tiempo.. Y quizás sea cierto y esta pequeña montaña encaramada sobre un pueblo, testigo
de soles interminables, estuviera esperando a que llegara.. Tras 5 o 6 meses… Pero no me recibió con el sol que me tiene acostumbrado, ese sol de invierno que calienta tanto y tan profundamente, no.. Me recibió sola, con un ambiente íntimo y solitario, para que no hubiera nadie más entre ella y yo, sólo el granito y unas zapatillas. Cada vez me gusta más subir por el Callejón Soyermo, un paso de IV, pero algo raro entre pulido y patinoso, por donde rapelan muchas de las cordadas que vienen de escalar en la cara sur del Pico de la Miel; todavía me acuerdo la primera vez que, ya habiendo bajado muchas veces por ahí rapelando, se me ocurrió en vez de bajar.. subir.. Y ese punto de incertidumbre, de toque de dificultad me apasionó, y poder hacerlo corriendo, trepando, subir al pico y bajar corriendo… Genial.
Después de reencontrarme con uno de mis picos favoritos, y con muy buenas piernas, estaba confiado en el proyecto del día siguiente que había preparado desde hacía tiempo. Piernas ágiles, confianza, ganas de correr.. Todo perfecto.
Pero no fué así.. Es gracioso cómo cambian de rápido las cosas casi sin darte cuenta, de un
momento a otro, y esta vez no fue uno de esos buenos días en las montañas, que vas rápido,
ágil y te faltan subidas. Probablemente el río exageradamente contaminado y lleno de espuma
al lado del que dormí la noche anterior, fue el que abastecía a la fuente de la que bebí antes de
tomar la salida.. Y aún sabiendo que después de toda una vida bebiendo de riachuelos en las
montañas, sólo me había puesto malo bebiendo en un riachuelo en Madrid, no me quedaba
mucha más opción y decidí beber esperando que no pasara nada especial..
Pero bueno, me quedo con el Pico de la Miel que tantas ganas tenía de tocar, con los primeros
kilómetros tan buenos y los momentos vividos, incluso cuando sólo podía mirar al suelo y
continuar andando, siempre se aprende. Casi una semana después todavía mi tripa sigue
afectada y no me deja correr apenas, no me explico que se supone que puede haber en un río
“de montaña”… Aunque una ciudad tan grande y tan cerca fagocite todo lo natural que está a
su alrededor.
¡Take a good rest and to the next mountain!

 

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El amable río que hizo estragos conmigo al día siguiente…

 

 

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Un poco de Madrid…
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Pico de la Miel…
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