El invierno que se agota

Este lugar es increíble. El sonido de mis pasos recorriendo kilómetros sin ninguna presión y con un montón de gente que te arropa y montañas que nos rodean por todos lados. Hemos subido un par de bonitas cimas redondeadas a toda velocidad, apretando las piernas en el ascenso y soltándolas sin miedo en las bajadas. La Hivernal de Campdevànol no ha hecho justicia a su nombre y el calor me ha tumbado de una forma poco elegante. Miré las fotos de otras ediciones, donde los corredores llevaban toda la ropa posible puesta y donde la nieve estaba presentea cada metro del recorrido. Este año el brutal anticiclón que asolaba la península estos días retiró cualquier posibilidad de “Invernal” y le dió un carácter más que veraniego. Un lugar bonito y una organización cuidada, hicieron dde esta maratón de montaña una carrera más que recomendable.

En mi caso había preparado bien la cita, con buenos entrenos de hasta 10000 metros de desnivel la semana anterior en el pririneo, y un pequeño viaje a Cantabria, que me vino bien para recuperar y coger fuerzas.Viajamos tranquilos en dos días desde Bilbao a Ripoll y dormimos plácidament e en un albergue en mitad de las montañas al contrario que el tíla típica noche en la furgoneta en en una esterilla junto al coche. Todo preparado: piernas ágiles y menteee lista.

La salida es a todo trapo y no me sorprende en exceso, el nivel de los corredores es bueno y todo el mundo quiere coger la delantera cuanto antes, aunque queden más de 40km y ya estamos esprintando. Como no se controlarme mucho en la salida, en seguida me voy hacia adelante y me paro en el segundo lugar, con buen ritmo y buenas sensaciones. Vamos pasando las primeras subidas a un ritmo increíble y no se anda ni un mísero minuto, lo que me empieza a mosquear, ya que a este ritmo es imposible mantenerse toda la carrera. En la segunda o tercer subida bajo el ritmo y dejo que mis pulmones cojan algo de aire. Veo como la cabeza de carrera se marcha y cómo el sol sale con fuerza por detrás de las montañas. Pasamos el primer avituallamiento y comenzamos la subida importante de la carrera, con algo más de 1000 metros hasta una cresta que enlaza varios picos en la sierra de Montgrony. Voy en una posición intermedia, entre el 15 y el 20, no doy crédito ya que la gente me ha ido pasando todo el rato a una velocidad increíble para una maratón. No se si luego reventarán, pero de momento ya me han dejado atrás. Esta subida en magnífica y durante unas horas puedo ir remontando posiciones y encontrando la zancada adecuada. Me encuentro bien y veo como la gente ha bajado mucho elrimo y comienzan a sufrir en las rampas más verticales. Corro una buena parte de la subida y paso con fuerza por el ramillete de cimas y me lanzo hacia abajo con la esperanza de ir recogiendo los cadáveres de los corredores que van por delante a partir de la mitad de la carrera. Voy comiendo todo el rato con lo que no debería tener problemas para mantener un buen ritmo hasta el final.

Terminamos la bajada y estoy entre los 10 primeros pero algo no va bien, cada vez me cuesta más respirar me encuentro débil. Ea siguiente subida, corta pero explosiva, la cabeza me palpita y me arde la cara, no paro de sudar y empiezo a estar mareado. Me lanzo bebida isotónica por la cabeza para refrescarme ya que hace un calor mortal en el fondo del valle por el que estamos. Voy cayendo enun agujero difícil de salir y no veo bien. Me pierdo tres veces en un trayecto de 3 kilómetros porque la cabeza no consigue regir adecuadamente y comienzo el ritual de agua por la cabez y gominolas al estómago. El trayecto hasta el santuario de Montgrony fue un calvario más que cualquier otra cosa. Si en la primera parte había disfrutado corriendo con fuerza, ahora sólo se trata de sobrevivir y no pararse , seguir en movimiento. En el avituallamiento me paro un buen rato para refrescarme a base de vasos de agua por la cabeza y el cuerpo y aceitunas ya que tampoco el estómago me deja comer casi nada. Decido desconectar de la carrera y de la lucha por los puestos y sólo me apetece terminar, coger experiencia y un buen entreno de cara a próximas citas. Probablemente antes, si hubiera estado en esta situación difícil me hubiera planteado el abandono al no poder conseguir los objetivos que me había marcado, auqn poniendo todo lo que tienen en ello. Pero ahora no, me apetece correr por encima de cualquier posición, asique sabía que iba a terminar la carrera y disfrutar de los últimos kilómetros de una manera diferente y relajada, hablando con la gente, parando a comer, mirando el paisaje… Creo que he aprendido a no ser implacable con migo mismo y que correr y pasárlo bien haciéndolo es el valor en sí mismo. Esta parte de la carrera fué genial, por primera vez corría sin presión y sin fijarme en el corredor de delante o en el de detrás. Correr tranquilo en un formato en el que tienes todo marcado, comida cada pocos kilómetros, gente animandote y senderos nuevos por conocer tiene su punto. Quizás ahí radique el sentido de el boom por ser finisher de diferentes pruebas, además de por el reto de la distancia y el recorrido en sí.

Me gusta llegar a meta y sentirme satisfecho con lo que hago, ver a los amigos y la familia contentos tras un gran día en las montañas. Me gusta sentarme en cualquier lugar a descansar ya a comer y beber todo lo que me apetezca y más como en esta ocasión que a todos los corredores nos esperaba ¡una increíble hamburguesa pirenaica! Hacía varios años ya que no venía a esta parte del Pirineo y ha sido un bonito reencuentro, espero volver más a menudo porque su gente y sus montañas bien lo merecen.

2016-02-21HivernalCampdevanol-0020

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